Cual “Chacho moderno”: el gobernador defiende el default riojano y califica a Milei de “desquiciado”
Acorralado por los acreedores internacionales y el torniquete financiero de la Casa Rosada, el gobernador de La Rioja patea el tablero: suspende los pagos de la deuda provincial para priorizar los sueldos públicos y exige una interna feroz en el peronismo para sepultar el modelo libertario.
El norte argentino se ha transformado en el epicentro de la resistencia institucional más explícita contra el experimento de Javier Milei. En una ráfaga de declaraciones que dinamitan cualquier puente de diálogo con Balcarce 50, el gobernador riojano Ricardo Quintela abandonó los modales diplomáticos para meterse de lleno en el fango de la descalificación personal y la emergencia financiera. Al definir al jefe de Estado como un hombre con un “desequilibrio emocional muy evidente” y sentenciar que “no es un presidente, es una persona que está desquiciada”, Quintela busca liderar el ala más dura del PJ, plantándose como el reverso exacto de la docilidad que muestran otros mandatarios provinciales ante la motosierra oficialista.
Bonos extranjeros versus el plato de comida
La verdadera batalla de Quintela no es solo retórica; es descarnadamente económica. El gobernador blanqueó los motivos por los cuales La Rioja mantiene pisados los pagos a los fondos de inversión internacionales que adquirieron los títulos públicos de la provincia. Su argumento es un disparo directo a la línea de flotación del dogma libertario: ante el recorte discrecional de los fondos de coparticipación que históricamente compensaban a su distrito, la provincia se vio obligada a elegir entre los mercados financieros o la paz social interna. El mensaje que el riojano le transmitió al principal tenedor de bonos extranjeros funciona como una declaración de principios soberana y desesperada: “No puedo quitarles la comida de la boca a 450 mil habitantes para pagarles a ustedes”.
La herencia de la escuela Menem
Para el mandatario riojano, el ascenso de La Libertad Avanza no responde a la solidez de un programa económico, sino a la consolidación de un resentimiento histórico. Quintela denunció que la estructura que rodea al Presidente carece de políticas de desarrollo y que su única amalgama es el “esquema destructivo” del antiperonismo básico. En ese sentido, el gobernador no dudó en facturarle el apellido al clan Menem, hoy reciclado en la conducción de la Cámara de Diputados, advirtiendo que el país ya conoce perfectamente el desastre social que dejó esa escuela política en los años noventa. Asimismo, salió al cruce de las estadísticas nacionales, desmintiendo de forma tajante que La Rioja lidere el ranking porcentual de cierre de industrias, adjudicando esos datos a una campaña de desprestigio coordinada desde el Gobierno central.
La cacería de Luis Caputo
La mirada de mediano plazo del riojano observa con pánico el andamiaje legal que el oficialismo está montando para blindar las inversiones extranjeras. Según su diagnóstico, el RIGI, las privatizaciones y las desregulaciones financieras van a dejar a la Argentina en un estado de condicionamiento absoluto y absoluto quebranto. En el centro de sus futuras facturas políticas se encuentra el ministro de Economía, Luis Caputo. Quintela anticipó que el peronismo ya se encuentra investigando los movimientos de las finanzas nacionales y el endeudamiento de la era libertaria, prometiendo que el titular de la cartera económica deberá rendir cuentas por conseguir préstamos que asfixian a las provincias con aumentos de tarifas imposibles de tolerar para el ciudadano de a pie.
La ambulancia de los presidenciales: “Uno siempre se anota”
A pesar de la gravedad de la crisis financiera local, Quintela no renuncia a su proyección nacional en el tablero del Partido Justicialista. Con una falsa modestia que engaña a pocos, el riojano abrió la puerta a una eventual postulación presidencial de cara al futuro de la fuerza. Si bien aclaró que el peronismo cuenta con una oferta electoral amplia —a diferencia del desierto de nombres que exhibe el oficialismo—, soltó el anzuelo político: “Me preguntaron si me anotaba y dije que por qué no; uno siempre quiere contribuir”. Para el gobernador, el desafío inmediato de la oposición no es la danza de nombres, sino el consenso urgente de un proyecto de país que sea capaz de reconstruir el tejido social y productivo que la gestión de Milei promete dejar en cenizas.
