Quieren poner en jaque al poder en Santa Cruz: la trama secreta detrás del asedio a Claudio Vidal
La gestión del gobernador Claudio Vidal se encuentra bajo un asedio sistemático. El clima de desestabilización política en Santa Cruz es evidente, pero lo verdaderamente disruptivo no es el conflicto en sí, sino sus causantes y los actores que aguardan agazapados el desenlace de la crisis.
El escenario actual compone un caldo de cultivo perfecto para quienes vislumbran una oportunidad de oro ante una eventual caída del Ejecutivo provincial: una oposición lista para dar el golpe, exaliados volcados a una resistencia feroz y, sorprendentemente, ministros y funcionarios ausentes o escondidos. Algunos ni siquiera comparten en sus redes sociales los “reels” del gobierno o los mensajes oficiales.
La degradación del escenario político local demandó apenas semanas. Hoy, incluso el vicegobernador Fabián Leguizamón estaría proyectando el armado de equipos propios de manera anticipada y sin disimulo. A este panorama se suman exaliados con fuerte injerencia en intendencias oficialistas y gremios que, tras obtener beneficios para contener el reclamo social, terminaron asimilando el libreto de un kirchnerismo que hoy se frota las manos.
El problema medular
La parálisis oficial es evidente: las primeras y segundas líneas del Gobierno provincial no reaccionan. En algunos despachos parece no haber vocación de poder. En paralelo, figuras del pasado intentan pescar en río revuelto. Es el caso del exintendente de Caleta Olivia, Facundo Prades. Quien fuera uno de los aliados iniciales del partido SER hoy opera en las sombras para provecho propio. Aquel jefe comunal que cobró notoriedad pública por una cámara oculta, parece haber dejado atrás el escándalo y vuelve a la carga.
Su influencia en la comuna caletense es innegable: la proliferación de exfuncionarios y allegados suyos en la estructura municipal sugiere que, más que asesorar, Prades cogobierna. Además, bajo un rol de lobo con piel de cordero, se ha posicionado como uno de los principales asesores legales de ADOSAC, el gremio docente que mantiene bajo extorsión al Gobierno y priva a las familias del derecho a la educación.
La génesis de la crisis
La conspiración es silenciosa pero constante, potenciada por la inoperancia de funcionarios que permitieron el escalamiento de los conflictos hasta que llegaron al escritorio del gobernador casi sin solución. La gran incógnita actual es si Vidal logrará depurar a quienes originaron esta crisis de gestión.
Para algunos analistas, el detonante formal fue la demora en la convocatoria a paritarias. Sin embargo, la sedición interna comenzó antes. El adverso resultado electoral sufrido por el oficialismo en 2025 alteró el ADN de la coalición gobernante, trasladando los síntomas del fracaso hacia las entrañas del poder.
Aunque Vidal inició el año con una dinámica proactiva y un discurso centrado en la transformación estructural, colisionó de frente contra tres realidades ineludibles: arcas provinciales flacas, una crisis nacional asfixiante y la ausencia de diputados nacionales propios, factor que pulverizó su capacidad de negociación ante la Casa Rosada. A esto se sumó la caída de las regalías petroleras por la retirada de YPF, un proceso de renegociación aún en desarrollo que obligó al gobernador a recalcular prioridades.
En sintonía con el axioma nacional de “no hay plata”, Vidal anticipó el congelamiento temporal de la pauta salarial. La medida desató el descontento inmediato en el empleo público, sector que absorbe casi el 80% de los gastos corrientes del Estado provincial según cifras oficiales. Lo que nació como una tensa negociación paritaria mutó rápidamente en una plataforma política para la oposición. Con la mirada fija en 2027, el arco opositor aceleró los planes para desestabilizar la gestión en curso. La recesión económica y el crudo discurso de ajuste estatal le sirvieron en bandeja al kirchnerismo residual el combustible necesario para encender a los sectores históricamente combativos.
Institucionalidad frágil
Un conflicto de estas características carece de lógica democrática; su único norte es quebrar el orden constitucional. El kirchnerismo olió sangre y bloqueó sistemáticamente cualquier reforma impulsada por el Ejecutivo. A pesar del bloqueo, Vidal anotó un triunfo político clave al ampliar la conformación del Tribunal Superior de Justicia, doblegando la feroz resistencia del núcleo duro K que todavía conserva terminales de poder en Santa Cruz.
Esta semana la tensión social alcanzó su clímax. Las calles mostraron policías movilizados y facciones docentes quemando neumáticos frente a la Casa de Gobierno. Mientras tanto, la Legislatura provincial —el otro bastión controlado por la oposición— se niega a otorgar las herramientas financieras indispensables para que la provincia supere la crisis e invierta en desarrollo. Esta dinámica excedería los límites del juego de contrapesos políticos si no fuera porque esconde la deliberada intención de impedir la gobernabilidad y habilitar atajos institucionales hacia el sillón de la gobernación. La conspiración es un hecho de la realidad: hoy, muchas de las palmadas que recibe el gobernador en la espalda tienen como fin empujarlo, no respaldarlo.
Fracaso comunicacional
En este tablero, el área de comunicación oficial cumplió un rol deficitario. Ha sido incapaz de transmitir con claridad los avances de la gestión a los santacruceños. El esquema se limitó a una distribución de pauta publicitaria orientada a conformar a medios que, bajo el perverso juego de una supuesta independencia, terminaron convertidos en voceros de quienes promueven una salida anticipada del gobernador.
No se trata de una distopía ni de un guion de ficción cinematográfica. Es la cruda realidad de la Santa Cruz actual. En el centro de la escena se encuentra un gobernador que resiste y se empeña en desmantelar la matriz decadente que el kirchnerismo enquistó en la provincia, enfrentando cara a cara a los conspiradores que anhelan restaurar el viejo esquema de impunidad y usufructo del poder.
