Ni el récord de mil millones de dólares en obra pública ni una oposición fragmentada disipan el temor del gobernador neuquino ante una polarización nacional que amenaza la continuidad de su proyecto político.
Ni el récord histórico de inversión pública ni la fragmentación de la oposición local parecen ser suficientes para garantizarle un escenario de calma absoluta al oficialismo neuquino. En el corazón de la provincia que alberga a Vaca Muerta, el gobernador Rolando Figueroa ha comenzado a mover las piezas del tablero electoral con una premisa implícita: la billetera petrolera no compra inmunidad política frente a la violenta polarización nacional.
Durante un reciente encuentro en el club Alemán, ante la plana mayor de intendentes, diputados y aliados, Figueroa exhibió números inéditos para la historia provincial. Prometió un piso de 1.000 millones de dólares anuales en infraestructura y el despliegue de un ambicioso plan de mil obras financiadas con recursos propios, ejecutadas en respuesta al retiro de los fondos federales por parte de la Nación. Sin embargo, la centralidad del encuentro no estuvo solo en el cemento, sino en el calendario.
La paradoja de la abundancia frente a la “grieta”
La propuesta de adelantar los comicios provinciales para mediados de año —barajando un esquema entre junio y agosto— desnudó el verdadero factor de preocupación en el búnker oficialista. El temor no radica en las propuestas de una oposición doméstica hoy debilitada y dispersa, sino en la capacidad de la dinámica nacional para licuar los liderazgos territoriales en las urnas.
La paradoja neuquina queda así expuesta en bruto: ni la proyección del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) ni el fenomenal flujo de dólares que inyecta la actividad no convencional mitigan el riesgo de un “efecto arrastre”. En un escenario de elecciones fuertemente nacionalizadas, el electorado tiende a votar en clave de aprobación o castigo a la Casa Rosada. El oficialismo teme que el humor social, perforado por la inflación o la pérdida de poder adquisitivo, termine canalizándose a través de las franquicias de los extremos nacionales, dejando al frente provincial en una posición de vulnerabilidad que amenace su continuidad de cara al futuro.
El movimiento estratégico de Figueroa busca, fundamentalmente, blindar la gobernabilidad territorial. Al provincializar la discusión y despegar los comicios del barro de la política porteña, el gobernador intenta forzar a la ciudadanía a votar bajo la lógica del “pacto de gobernanza” local. En definitiva, Neuquén ratifica una vieja máxima de la política argentina: en tiempos de volatilidad extrema, tener el control de Vaca Muerta es una condición necesaria para retener el poder, pero ya no es una condición suficiente.
