Un avión antisubmarino ruso Tu-142 hostigó al portaaviones HMS Prince of Wales en el Mar de Noruega, encendiendo las alarmas en Londres sobre la falta de escoltas y submarinos de apoyo.
El reciente incidente en el Mar de Noruega entre un avión antisubmarino ruso Tu-142 Bear-F y el portaaviones británico HMS Prince of Wales expuso las debilidades logísticas de la Royal Navy. Durante la Operación Firecrest bajo el mando de la OTAN, la aeronave de Moscú voló a baja altitud, se aproximó de forma peligrosa al buque y lanzó numerosas sonoboyas en las proximidades del grupo de ataque naval. Aunque el Ministerio de Defensa británico destacó la exitosa interceptación realizada por dos cazas furtivos F-35B, el trasfondo del episodio revela una incómoda falta de profundidad defensiva en un área estratégica clave.
Espionaje acústico en el High North
El despliegue del Tu-142 no fue una simple provocación aérea, sino una operación de inteligencia militar dirigida. Al lanzar sonoboyas —dispositivos acústicos para localizar sumergibles—, Rusia utilizó una plataforma especializada en guerra antisubmarina en el corazón de un grupo naval de alto valor. Con este movimiento, Moscú logró medir los tiempos de reacción aliados, recolectar información acústica y comprobar qué medios protegían realmente al portaaviones en una zona donde la actividad submarina es constante y hostil.
El escudo incompleto del HMS Prince of Wales
Un portaaviones moderno requiere de múltiples capas defensivas para garantizar su supervivencia en combate. El HMS Prince of Wales opera actualmente junto al destructor HMS Duncan, el buque de apoyo RFA Tidespring y helicópteros Merlin HM2 especializados en combate acústico. Sin embargo, analistas de defensa naval advierten una ausencia crítica: el grupo de ataque carece de una pantalla robusta de fragatas antisubmarinas de superficie y, lo más grave, de submarinos de ataque que aseguren la protección bajo el agua.
Crisis de disponibilidad en los astilleros británicos
La vulnerabilidad británica en el Atlántico Norte coincide con severos problemas operativos en su flota submarina. El Reino Unido cuenta con los modernos submarinos nucleares de ataque clase Astute, diseñados específicamente para misiones de escolta, inteligencia y caza de sumergibles enemigos. Reportes especializados de Navy Lookout revelaron que, debido a retrasos en tareas de mantenimiento estructural e infraestructura limitada, ninguna de estas unidades se encontraba navegando al momento del despliegue, dejando la vigilancia acústica supeditada casi en su totalidad a los helicópteros embarcados.
