ESTRATEGIA Y PODER EN EL PJ
El peronismo de la provincia de Buenos Aires ingresó en una fase de conflicto abierto que amenaza con quebrar definitivamente el mapa político opositor. En las usinas de La Plata ya no se discute la posibilidad de una convivencia pacífica con el Instituto Patria, sino los términos de una inevitable batalla electoral. Desde el entorno más cercano a Axel Kicillof advierten de forma taxativa que el kirchnerismo duro ya diseña una estrategia de pinzas para recortar las aspiraciones presidenciales del gobernador, la cual contempla la postulación de un rival directo respaldado por el caudal electoral histórico de Cristina Fernández de Kirchner.
Esta hipótesis de conflicto cobró fuerza tras el naufragio de la frágil tregua que las distintas terminales del Partido Justicialista habían pactado semanas atrás en el Hotel Emperador. Aquel compromiso básico de unidad, que buscaba encauzar las diferencias bajo el paraguas de las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), se disolvió de forma acelerada. El detonante definitivo fue una fuerte provocación discursiva por parte de la militancia de La Cámpora frente a la sede de la calle San José, un episodio que el kicillofismo capitalizó de inmediato como el argumento político definitivo para dar por terminada cualquier instancia de negociación.
El fin de la tregua del Emperador y la encerrona bonaerense
La ruptura expone un desgaste estructural que va más allá de un simple cántico partidario. En los despachos de la gobernación bonaerense consideran inviable reconstruir el vínculo con la exmandataria y su hijo, Máximo Kirchner, especialmente tras las tensiones acumuladas en las movilizaciones por el cuarto aniversario del atentado contra la expresidenta. Mientras el camporismo manifiesta un visible hartazgo frente a lo que califica como una estrategia de victimización permanente por parte de La Plata, el entorno del gobernador se muestra convencido de que la única meta de la organización soberana es limar el capital político de Kicillof hasta el extremo.
A pesar del cruce de reproches y de las críticas que salpican su armado político desde el peronismo federal y el Frente Renovador, Kicillof decidió acelerar su estrategia territorial de forma autónoma. La premisa en la capital provincial es avanzar sin reparar en los cuestionamientos ajenos, bajo la lógica de que la interdependencia mutua obligará a todos los actores a sentarse a negociar en el cierre de listas. El diagnóstico bonaerense reconoce que ninguna de las facciones posee por sí sola el volumen electoral suficiente para garantizar una victoria, lo que convierte a la interna en una trampa de supervivencia colectiva.
Los nombres del contraataque: Massa, Uñac y la búsqueda del bendecido
La ingeniería política que se proyecta desde el cristinismo no apuesta a la prescindencia, sino a una participación activa a través de un esquema de transferencia directa de votos. En los borradores de la disputa presidencial que maneja el kicillofismo se barajan nombres propios de peso específico para encabezar el espacio alternativo. Sergio Massa, Sergio Uñac y Gerardo Zamora aparecen en el radar de la confrontación, junto a la latente posibilidad de un candidato tapado que logre aglutinar el rechazo hacia el gobernador bonaerense.
El objetivo central de esta maniobra consiste en edificar un perfil competitivo capaz de absorber el núcleo duro del sufragio kirchnerista, aislando la construcción independiente de La Plata. Para Kicillof, el desafío implica una doble vía de validación: imponerse a través del consenso y las encuestas o revalidar su liderazgo en una confrontación directa en las urnas. La convicción del mandatario provincial es eludir el rol de delegado político, un condicionamiento que busca evitar desde que inició su diferenciación estratégica hace dos años y que hoy da por clausurada cualquier opción de tutelaje.
La disputa por el liderazgo real frente al fantasma de la delegación
Desde la vereda de La Cámpora la lectura del escenario adopta un cariz estrictamente crítico respecto a la idoneidad táctica del gobernador. Sectores de la conducción partidaria señalan que la decisión de Kicillof de romper el cordón umbilical con el liderazgo tradicional constituye un severo error estratégico, argumentando que disputar la jefatura del Partido Justicialista fuera de la presidencia de la Nación equivale a liderar una estructura vacía de poder real. Para el kirchnerismo y el Frente Renovador, la opción más eficiente hubiese sido consolidar una candidatura de consenso que representara a la totalidad de las corrientes internas.
Por el contrario, la respuesta desde La Plata sostiene que convertirse en el candidato de la unanimidad es una imposibilidad fáctica, debido a la resistencia de sectores que buscan condicionar de antemano el margen de maniobra de una futura gestión ejecutiva. Ante este escenario, el kicillofismo ratifica la continuidad de una línea estratégica propia, convencido de que la decantación natural del proceso político ubicará al gobernador como la única alternativa con densidad suficiente para polarizar con el oficialismo nacional en el turno electoral definitivo.
