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Nacional

EL SEGUNDO TIEMPO DE MACRI

La boga a la pizza con sabor a desconfianza y la carrera de los 100 metros

El expresidente paseó su escepticismo por el interior productivo, desnudó las dudas de su círculo rojo sobre la supervivencia de Milei de cara al 2027 y le cerró la puerta en la cara a su exministra de Seguridad.

Mauricio Macri ha decidido activar formalmente su propio operativo de repliegue y resistencia. Con la excusa de su gira litoraleña bajo el sello “Próximo paso”, el líder del PRO desembarcó en Santa Fe y Entre Ríos para recordarle al ecosistema político que el verdadero dueño de la centroderecha argentina sigue midiéndose los trajes presidenciales. Mientras le tiende una mano de apoyo legislativo al Gobierno para no quedar pegado al mote de “obstruccionista”, Macri aprovecha cada micrófono para sembrar dudas quirúrgicas sobre la sustentabilidad del modelo económico libertario y el destino final del experimento de Javier Milei.

La metáfora de la pista y el desprecio por el teléfono de Bullrich

La picardía discursiva de Macri alcanzó su punto máximo al ser consultado sobre sus ambiciones para retornar al sillón de Rivadavia. Su respuesta —“Me estoy preparando para correr 100 metros”— no es un chiste de velocidad, sino una advertencia explícita: está listo para un sprint final si el Gobierno tropieza en la gestión. La verdadera bomba de impacto político, sin embargo, la detonó al congelar públicamente su relación con la actual ministra de Seguridad nacional. El tajante “Hace rato que no hablamos” con el que despachó la consulta sobre Patricia Bullrich no solo expone una ruptura personal irreversible, sino que ratifica que en el universo macrista no hay perdón para quienes deciden someterse a la verticalidad de la Casa Rosada sin pedir permiso en la quinta de Los Polvorines.

Túnel subfluvial: el AMBA deprimido versus el optimismo del interior

El almuerzo en Paraná entre Macri y el gobernador Rogelio Frigerio expuso las dos realidades paralelas que conviven en el rompecabezas opositor-aliado. Sentados frente a una boga a la pizza, el expresidente derramó su obsesión por las planillas del primer trimestre, con la mirada clavada en la parálisis del consumo y el estancamiento económico que azota al Área Metropolitana de Buenos Aires. En la otra cabecera, Frigerio ensayó una defensa territorial pragmática: le retrucó que la coparticipación y los ingresos brutos de su provincia ya muestran signos de reactivación tras el pozo de principios de año. El contraste es brutal: mientras Macri analiza la crisis desde el humor social del cemento porteño, los gobernadores buscan oxígeno en reformas previsionales y regímenes locales de inversión para desmarcarse de la recesión nacional.

La matemática del desencanto y las dudas sobre el balotaje 2027

El tramo más agudo del encuentro privado rozó la obsesión estadística de Macri respecto del futuro del Presidente. El ingeniero sacó la calculadora y soltó una advertencia que heló la sangre de los comensales: los números actuales de Milei coinciden con el piso electoral con el que el propio PRO abandonó el poder en 2019. La pregunta que Macri arrojó sobre la mesa —“¿Dónde están todos los que lo votaron en el balotaje?”— esconde un diagnóstico letal. Para el líder del PRO, el Gobierno está dilapidando su base de sustentación y carece de las herramientas de seducción política necesarias para recuperar a los desencantados de la clase media, abriendo un enorme signo de interrogación sobre la viabilidad de una reelección oficialista en 2027.

El fútbol como refugio ante la incertidumbre total

El cierre de la tertulia entrerriana desnudó la impotencia de una dirigencia que, cuando se queda sin respuestas para la macroeconomía o el armado electoral, prefiere refugiarse en las pasiones domésticas. Los cuestionamientos de Macri hacia la gestión de Juan Román Riquelme en Boca Juniors y los lamentos compartidos con Frigerio por las frustraciones futbolísticas de River funcionaron como el analgésico perfecto para una sobremesa cargada de tensión. Detrás del folclore deportivo quedó flotando la verdadera certeza de la jornada: Macri no va a ser un espectador pasivo del ajuste libertario, y su entrenamiento para la carrera de los 100 metros ya empezó.

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