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Cultura

La verdad de la gestión Vidal: la lucha entre el relato de lo negativo y la épica del cambio

La verdad de la gestión Vidal: la lucha entre el relato de lo negativo y la épica del cambio Redacción Central La subjetividad siempre está presente cuando se opina, pero también cuando se realiza un análisis de contexto. Primero, desde lo personal o individual, la mirada siempre está cruzada por el día a día y, en lo colectivo o sectorial, por los intereses del conjunto. Sin mencionar lo político e ideológico, cuya vara solo mide costos electorales o resultados acumulativos.

Para el caso de una gestión, la prensa oficial o afín nos da la mirada positiva, mientras que la prensa crítica debería apuntar a la independencia o ecuanimidad; pero todos sabemos que no es así, sobre todo en una provincia marcada por tres décadas de un “régimen” político que dejó su huella en todas las estructuras.

En lo que respeta a este análisis, parte de una necesidad concreta: saber dónde estamos parados como provincia. Varias preguntas por responder y una considerable cantidad de información para analizar tienen como punto de partida la publicación del último informe de CB Consultora Opinión Pública (CB Global Data) para el mes de marzo de 2026, donde la imagen del gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, muestra una tendencia de consolidación en el sector medio-alto del ranking nacional.

Los primeros análisis críticos consideran que hubo un repunte coincidente con sus discursos de apertura de sesiones ordinarias en marzo, donde enfatizó el cambio de modelo y anunció reformas estructurales en salud y educación; mensajes que parecen haber tenido una recepción inicial favorable en la opinión pública. En esta línea, se estima que la evolución de Vidal en el último trimestre muestra una recuperación importante, logrando perforar el techo del 50% de aprobación y posicionándose como un mandatario con “solidez y consenso a pesar del contexto de crisis económica”.

Y allí reside una de las claves de esta dicotomía entre la percepción de los avances y la sensación de estancamiento: el factor “nacional” de las medidas económicas del gobierno de Javier Milei, sus políticas hacia las provincias y sus intereses políticos de aquí a la finalización de los mandatos. Al presidente, por tercer mes consecutivo, los números le dan a la baja. Desde el inicio del 2026 se viene registrando una caída en el ánimo social y en la evaluación positiva de la situación del país, en tanto que el desempleo se convierte en la principal preocupación de los argentinos y baja la tolerancia al ajuste del Gobierno, inclusive entre las presiones del propio Milei.

En este caso, los datos son de “QMonitor”, el sistema de monitoreo estratégico de QSocial Big Data. Con un enfoque metodológico bimodal que combina encuestas probabilísticas y etnografía digital, el informe correspondiente a abril de 2026 arroja un marcado deterioro del humor social, una pérdida creciente de confianza en el gobierno y un fuerte retroceso de las expectativas económicas de la población. Y esa población, obviamente, incluye a los santacruceños.

Un representante del gobierno nacional en la provincia se animó a decir en off : “Está mal, pero no está tan mal”, parafraseando al popular conductor de TV Guido Kaczka. Pero independientemente de la imagen del presidente, lo que piensen sus seguidores o las proyecciones electorales que pueden desprenderse de estos datos, lo concreto es lo que nos dicen del contexto del país.

El estudio advierte que: “por tercera vez consecutiva, desciende la evaluación positiva de la situación actual del país. Este dato se inscribe en un contexto de malestar creciente que atraviesa múltiples dimensiones del ánimo social. El desempleo se transforma en el principal problema del país, desplazando a la inflación que, luego de cinco meses, regresa al segundo lugar entre las preocupaciones de los argentinos. Este cambio en el ranking de prioridades refleja el impacto directo de la crisis en la vida cotidiana de las familias”.

En definitiva, en un contexto nacional donde todo parece estar “mal”, Santa Cruz debe agregar que llega a esta crisis con una carga insoportable e incómoda: un Estado elefantiásico e inoperante (que por años fue solamente un dador de trabajo) y un sistema productivo privado raquítico. Las herramientas para revertir esta situación no están y hay que crearlas. Allí reside la lucha que pretende dar Vidal: vencer el relato negativo e imponer la épica del cambio.

Intereses sectoriales

Es evidente el intento de algunos sectores políticos y económicos por instalar la idea de que la provincia de Santa Cruz —o, mejor planteado, la gestión del gobierno provincial— enfrenta momentos de convulsión. Lo curioso (o no tan curioso) es que, más allá de cuestiones sectoriales puntuales y, en algunos casos, de fenómenos crónicos como el conflicto docente, los indicadores provinciales de aceptación de gestión e imagen del gobernador tendencia al alza y no hacia abajo.

Pero no es conveniente realizar un análisis sesgado, ya que se caería en el maniqueísmo de establecer que “está todo bien” o “está todo mal”, sin matices. Tampoco es válido, en un análisis que no insulte la inteligencia de la gente y sea intelectualmente honesto, limitarse a establecer como contexto lo que dicen los medios, lo que se comenta en las redes o lo que opina el representante de un sector específico con intereses particulares.

Dónde estamos es producto de dónde venimos y de las decisiones que se tomaron en el camino, las cuales conforman el escenario del presente. No se trata solo de lo que esperábamos y de lo que obtuvimos; se trata de lo que hicieron todos los actores de la sociedad santacruceña para estar como estamos, cada uno, lógicamente, con el grado de responsabilidad que le corresponde.

Dos ejemplos, de máxima y de mínima, se pueden observar en las decisiones tomadas en las legislativas de 2025. En las pasadas elecciones, una mayoría considerable votó a los candidatos de la oposición (más precisamente del kirchnerismo), sector que venía de gobernar 30 años y que es, sin dudas, el mayor responsable de la situación en la que se encuentra actualmente la provincia. Solo basta ver los números que dejaron en la economía y los indicadores sociales.

Las razones del voto siempre son personales y tal vez configuran el mayor misterio de la democracia, al punto que ya ni las encuestas logran descifrarlo. Pero si simplificamos el voto como una muestra de enojo social y un mensaje al gobierno para que mejoren las situaciones sectoriales (educación, salud, seguridad, etc.), el resultado generó exactamente lo contrario.

El gobierno se quedó sin diputados nacionales que le permitieron establecer un diálogo más igualitario con la Nación y, tal vez en el libre y legítimo juego de la democracia, negociar mejores condiciones para la provincia. En cambio, se ungió a dos diputados de la oposición que lo único que esperan es el fracaso de la actual gestión nacional y provincial para volver al poder. Es decir, el voto no apuntó a mejorar las condiciones, sino a empeorarlas, al menos hasta la próxima elección. Está claro que quienes sufren las consecuencias de ese desmejoramiento son los ciudadanos; los mismos que votaron lo que votaron.

El ejemplo de máxima está en la decisión del gobierno en la que, pese al mensaje contrario recibido desde el electorado, no se realizaron cambios con la celeridad ni la profundidad necesarias. Mantener el status quo casi total hacia adentro del gobierno y la gestión es parte de la falta de respuestas a los problemas que se venían vislumbrando y que hoy están aflorando.

Cuestión de gestión

Cuando mencionamos los números o datos que marcan el presente de una manera distinta —y distante— al microclima de comunicación local y provincial, vemos que Vidal no solo no tiene por qué retroceder en sus propuestas de reconversión de la economía privada y la estructura estatal, sino que tiene con qué alentarse para seguir. Según analistas nacionales, en un escenario político marcado por la reconfiguración del poder territorial y la consolidación de liderazgos provinciales, la imagen de los gobernadores vuelve a convertirse en un indicador clave para medir el humor social fuera del Área Metropolitana.

Así, mientras el Gobierno nacional concentra la agenda económica, las gestiones locales aparecen cada vez más expuestas al juicio directo de sus propios electores. Las administraciones provinciales transitan un período atravesado por restricciones fiscales, demandas sociales persistentes y una creciente autonomía política frente al poder central. En ese contexto, la valoración pública de los mandatarios funciona como un termómetro anticipado del clima político hacia los próximos ciclos electorales.

En la tradicional encuesta de imagen de CB Consultora Opinión Pública (CB Global Data) correspondiente a abril de 2026, se evaluó la percepción ciudadana sobre gobernadores y los principales intendentes del país. El estudio vuelve a mostrar fuertes diferencias regionales y confirma que el liderazgo territorial continúa fragmentado, con niveles de aprobación moderados y sin figuras con una hegemonía nacional clara. Es en este marco, y basado en los informes de marzo de 2026, que la imagen del gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, muestra una tendencia de consolidación en el sector medio-alto del ranking nacional, destacándose puntos clave como la evolución de la imagen positiva, la composición de la opinión y el contexto comparativo.

En principio, el último estudio de campo muestra un “repunte sostenido”. En marzo de 2026, Vidal alcanzó un 51,7% de imagen positiva; esto marca un crecimiento respecto a febrero de 2026, cuando su aprobación se situaba en un 43,4%, lo que representa un salto de más de 8 puntos porcentuales en un solo mes. Se observa también una posición relativamente estable en el ranking de gobernadores: se ubicó en el puesto 12° entre los 24 mandatarios del país. Si bien bajó ligeramente de posición respecto a febrero, donde estuvo en el puesto 10° con menor porcentaje neto pero mejor ubicación relativa, se mantiene dentro del grupo de dirigentes con balance a favor.

Respecto a la composición de la opinión de marzo de 2026 y de acuerdo a una muestra de 1.025 casos en la provincia, la imagen positiva del 51,7% se desglosa en un 23,5% “muy buena” y un 28,2% “buena”. En tanto, la imagen negativa llegó al 43,4%, compuesta por un 17,1% “mala” y un 26,3% “muy mala”. El porcentaje de indecisos es de apenas un 4,9% de “NS/NC”, lo que indica un alto nivel de conocimiento y una opinión ya formada por parte de la ciudadanía. Un dato a tener en cuenta es que el mandatario santacruceño se ubica segundo a nivel patagónico y, a nivel nacional, supera a gobernadores como Alfredo Cornejo de Mendoza o Maximiliano Pullaro de Santa Fe, e incluso se posiciona muy por encima de un histórico del peronismo como el formoseño Gildo Insfrán.

Finalmente, un detalle no menor es que, dado que el estudio evalúa tanto a mandatarios provinciales como municipales, el contexto comparativo favorece ampliamente a Vidal sobre el intendente de la capital provincial. Mientras el gobernador consolida niveles superiores al 50%, el informe de marzo sitúa al intendente de Río Gallegos, Pablo Grasso, en el fondo del ranking federal de intendentes en el puesto 22°, lo que refuerza la posición política relativa del gobernador en territorio santacruceño.

Realidad y percepción

Como ya formulamos, más allá del análisis periodístico, o de los números de las encuestas profesionales, también se deben tener en cuenta las redes sociales como el reservorio de la opinión pública sin filtros editoriales. En ese contexto tampoco se advierte un malestar desestabilizador como se pretendería insinuar por los sectores con intereses puntuales ya sean políticos, económicos e ideológicos.

De acuerdo a los observatorios, consultoras privadas y relevamientos en base a la Inteligencia Artificial AI, que monitorean redes sociales: “a mediados de abril de 2026, la imagen del gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, en las redes sociales refleja un escenario de contrastes marcado por una intensa agenda de gestión y una creciente tensión política y social. Es allí donde Vidal mantiene perfiles activos en X (Twitter), Instagram y Facebook, donde el contenido principal se centra en “Gestión Productiva” (Argentina Week 2026) y “Misión a Canadá”; pero sobresalen también fuerte impulso a la “Obra Pública y Vivienda”. El mensaje es descripto por los observatorios como “Discurso de Cambio”, donde se reafirma constantemente el quiebre con el modelo político anterior, enfatizando la transparencia y la soberanía económica. Estos mensajes tienen un amplio respaldo en diversas comunidades digitales, y también apoyos directos en las redes del gobernador. Más allá de este punto hay un dato clave: “pese a la comunicación oficial de gobierno y de la individual del gobernador, el clima en las redes muestra signos de desgaste. Se tiene en cuenta “debilitamiento del apoyo político”, con grietas en el armado del frente oficialista y “fricciones” con el sector Estatal. Finalmente se menciona “malestar gremial”, con comentarios en redes reflejan reclamos por la situación económica y tensiones con sindicatos por congelamientos salariales y posibles reformas previsionales”. Un detalle: hasta allí nada que no hayan experimentado todos los gobernadores desde el inicio de la democracia hasta el presente. Incluso gestiones históricas como la de Néstor Kirchner o recientes como la de Alicia Kirchner enfrentaron estos problemas; lo que marca que se trata de conflictos crónicos, irresueltos e incluso magnificados por malas políticas que derivaron en la herencia de la actual gestión.

En resumen, mientras los canales oficiales y afines proyectan una imagen de expansión productiva, las redes sociales también sirven de plataforma para una oposición fragmentada y un creciente descontento en sectores golpeados por la realidad económica.

El escenario para Claudio Vidal se define en la tensión entre una herencia estructural asfixiante y la necesidad de sostener un capital político que, aunque hoy le es favorable, no es inmune al desgaste del contexto nacional. La gestión santacruceña se encuentra ante el desafío histórico de transformar ese repunte en las encuestas en soluciones tangibles que logren romper el estancamiento crónico. Vencer el relato de la crisis e imponer la épica del cambio no será solo una tarea de comunicación, sino el resultado de la capacidad del gobierno para crear, desde la nada, las herramientas de una nueva matriz productiva que finalmente devuelva el protagonismo a los ciudadanos.

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