El dilema del Panal: el cordobesismo resiste en su piso, pero la suma del cambio amenaza el 2027
Una encuesta clave del consultor Carlos Sicchar enciende las alarmas del oficialismo provincial. Aunque Martín Llaryora ya supera a Javier Milei en imagen, una eventual fusión entre Luis Juez, Rodrigo de Loredo y los libertarios pondría en jaque la hegemonía del PJ cordobés.
El tablero político de la provincia mediterránea empieza a abandonar la modorra de la gestión para ingresar de lleno en la matemática electoral de mediano plazo. Los datos del último informe de Sicchar desnudan una paradoja incómoda para el gobernador Martín Llaryora. El mandatario conserva el activo de ser el dirigente individual más votado de Córdoba y mantiene una evaluación positiva que duerme en el 49%, blindada frente a los severos conflictos locales con docentes, jubilados y los tarifazos de los servicios públicos. Sin embargo, el respirador artificial del oficialismo no es su propia expansión, sino la incapacidad crónica de la oposición para amontonarse bajo un mismo techo.
La matemática del espanto El escenario de “todos contra todos” le sonríe al cordobesismo por pura fragmentación del adversario. Llaryora lidera cómodo con el 31% de la intención de voto, dejando muy atrás a un Luis Juez estancado en el 14%, a Rodrigo de Loredo con el 9% y al libertario Gabriel Bornoroni con un magro 4%. El peligro real para El Panal se activa cuando se analiza el mapa con lógica de coalición. Si el PRO, la Unión Cívica Radical y La Libertad Avanza logran superar sus vanidades y confluir en un armado común, la suma matemática (27%) empataría de forma técnica el piso del gobernador, abriendo un escenario de paridad absoluta similar al trauma electoral que sufrió el peronismo cordobés en 2023.
La caída del mito libertario El dato subterráneo más potente de la medición es el desgaste de la marca presidencial en el distrito que supo ser su principal bastión electoral. Javier Milei sufrió una erosión drástica en su consideración pública: la aprobación que supo rozar el 61% a comienzos de año se desplomó al 48%, mientras que el rechazo a sus políticas escaló en sintonía hasta el 46%. Este cruce de curvas le permite a Llaryora mostrar un diferencial positivo frente a la Casa Rosada y justifica su estrategia de acelerar las recorridas por el interior productivo para provincializar la discusión y presentarse como el único garante de la gestión territorial frente al frío ajuste nacional.
El perfil del desencanto El verdadero talón de Aquiles para la reelección del gobernador se esconde en el 13% de indecisos y el 9% de voto en blanco que registra el estudio. Lejos de ser un grupo homogéneo, Sicchar le pone rostro y geografía social a los desencantados: el 57% son mujeres, el 31% tiene menos de 30 años y la inmensa mayoría habita hogares de ingresos medio-bajos que pelean diariamente para no caer bajo la línea de pobreza. Este sector es el que sintió con mayor crudeza el impacto de la recesión económica y representa el electorado independiente que el peronismo cordobés necesita seducir de manera urgente si pretende que su piso electoral se transforme en un techo seguro.
El adelantamiento electoral
En los pasillos de la gobernación ya se baraja de manera concreta la hipótesis de pulsar el botón de pánico institucional: adelantar los comicios provinciales para abril o mayo de 2027. La jugada busca desacoplar la suerte de la provincia de la discusión nacional y negarle tiempo a la oposición para ordenar su oferta electoral. Juez conserva el volumen político de su última dote, De Loredo camina con un perfil moderado para contener el voto radical y Bornoroni intenta usar la estructura del Estado nacional para armar la pata libertaria. Llaryora sabe que la pelota está hoy en la cancha de sus rivales; de la capacidad de estos para deponer armas dependerá si el cordobesismo prolonga su cuarto de siglo en el poder o si asiste a su propio fin de ciclo.
