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Nacional

TORRES ¿EMPLEADO LIBERTARIO O LIBRETO PROPIO?

El chofer de la ambulancia y el masoquismo comodorense: la radiografía letal de un peronismo en ruinas

Con el peronismo chubutense atrapado en el subsuelo de la irrelevancia, la vieja guardia sale a limar al gobernador Ignacio Torres, acusándolo de ser el recolector de heridos de la UCR y un empleado a sueldo legislativo del ajuste libertario.

El peronismo de Chubut ha decidido que, si no puede gobernar, al menos puede morder. En una andanada de declaraciones que exudan el resentimiento de quien mira el poder desde la banquina, el histórico dirigente peronista Touriñán desnudó la fragilidad de un Partido Justicialista local sin brújula, sin líderes y sin épica. Pero el verdadero veneno de su dardo no fue hacia adentro, sino hacia el sillón de Fontana 50. Al calificar al gobernador Ignacio Torres como un mero “chofer de la ambulancia” dedicado a juntar los restos del naufragio radical, la oposición intenta demoler el mito del “armador estratégico” y reducir al mandatario a un recolector de deshechos políticos ajenos.

De la leyenda de Das Neves al PRO “funcional”

La comparación histórica suele ser el peor enemigo de la coyuntura. Al cortarle el chorro a cualquier intento de equiparar a Torres con el peso específico del fallecido Mario Das Neves, el peronismo busca desnudar lo que considera una imitación barata de gestos de gestión. El diagnóstico es provocador y busca herir el orgullo del gobernador: Torres no es un líder provincial autónomo; es un cuadro del PRO entrampado en la feroz interna nacional de Mauricio Macri y Patricia Bullrich. Para la mirada del PJ, la rebeldía de Torres frente a la Casa Rosada es solo cotillón para los medios locales, ya que en los papeles y en el Congreso no ha dejado de levantarle la mano y votar a favor de cada una de las iniciativas de Javier Milei. No es un libertario de cepa, pero actúa como su mejor empleado del mes.

La mutual de los bloques rotos y el desierto de candidatos

El ataque a Torres, sin embargo, se vuelve bumerán cuando se analiza el espejo retrovisor del justicialismo. La autocrítica es demoledora: el PJ de Chubut hoy no es un partido, es un archipiélago de sellos de goma donde ni siquiera hay un bloque unificado que contenga a la militancia. La nostalgia por figuras de peso como “Kuky” Mac Karthy o Marcelo Guinea expone la orfandad de una fuerza que va a las elecciones balbuceando eslóganes vacíos que ya no convencen a nadie. La advertencia sobre los armados electorales que pretenden mezclar al PJ con el PRO y la UCR es una trompada al pragmatismo de supervivencia: tirar la carne a la parrilla antes de tiempo solo va a terminar quemando el asado. De cara al 2027, el peronismo chubutense confiesa su mayor vergüenza: hoy no tienen un solo nombre propio que sea capaz de ponerse la camiseta de candidato.

Comodoro Rivadavia y la simbiosis del látigo y la billetera

El cierre del análisis se mete en el barro de la principal caja política de la provincia. Mientras la gestión municipal de Comodoro Rivadavia hace equilibrio en la cornisa por el abandono total de la obra pública y el torniquete de fondos ejecutado por la motosierra de Milei, la relación entre el intendente local y el gobernador Torres fue bautizada con el peor de los diagnósticos: un vínculo masoquista. Esa simbiosis donde el municipio sufre el ajuste pero sigue prendido al respirador de la provincia expone la hipocresía de la supervivencia. El peronismo confía en que el peso electoral de Comodoro no se perderá, pero sabe perfectamente que están atrapados en un juego donde el gobernador maneja la ambulancia y el PJ solo viaja en la camilla de los heridos.

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