El dilema de la UCR: entre la tentación peronista, la autonomía frente a Milei y el peso de su propia historia
Las declaraciones de Karina Banfi exponen la crisis de identidad de un partido que busca mantenerse como una alternativa de centro mientras sus bases crujen por las demandas de la polarización extrema.
Las declaraciones de la diputada nacional Karina Banfi no son un simple desmentido de prensa; son la radiografía de una Unión Cívica Radical (UCR) que libra una batalla en tres frentes simultáneos para evitar su dilución política. Al calificar de “operación” un supuesto acercamiento entre intendentes de la provincia de Buenos Aires y el gobernador Axel Kicillof, Banfi intenta tapar una grieta evidente: la tentación de ciertos sectores del partido de buscar refugio en el peronismo frente al avance de la marea libertaria.
La vehemencia con la que la legisladora atacó a referentes históricos como Federico Storani y Ricardo Alfonsín, invitándolos implícitamente a dejar las filas del partido, expone una preocupante intolerancia hacia el debate interno en una fuerza que históricamente se jactó de sus procesos deliberativos. Exigir disciplina partidaria y apelar a la rigidez de la Convención Nacional suena más a un intento de contención ante una posible fuga de dirigentes que a una muestra de fortaleza institucional.
Por otro lado, la estrategia del radicalismo ante el gobierno de Javier Milei camina por una delgada línea roja. Banfi ensaya un equilibrio discursivo complejo: celebra el ajuste fiscal y el orden monetario del oficialismo —validando que la sociedad ya incorporó este consenso—, pero intenta diferenciarse del PRO al rechazar un alineamiento “incondicional”. Esta postura del “acompañamiento crítico” deja al partido en tierra de nadie. Para el electorado duro de Milei, la UCR sigue siendo parte de la “casta” titubeante; para la oposición dura, es un cómplice silencioso del programa económico libertario.
El refugio discursivo del partido hoy parece ser la gestión territorial. Al ampararse en las administraciones de gobernadores como Maximiliano Pullaro o Alfredo Cornejo, el radicalismo busca presentarse como una fuerza con experiencia de gobierno frente al amateurismo que le achacan a La Libertad Avanza. Sin embargo, la gestión local no se traduce automáticamente en tracción nacional. Definirse como una fuerza de centro “antiperonista, liberal en los derechos y progresista en lo social” suena idílico en los papeles, pero resulta sumamente difícil de digerir para un electorado argentino hoy profundamente polarizado. El centro político corre el riesgo de convertirse en un desierto electoral si la UCR no logra dotarlo de un liderazgo claro y una propuesta de futuro atractiva hacia 2027.
