Congreso del PJ de Santa Cruz: Depuración, sumisión y un peronismo que no reacciona
CALETA OLIVIA – El Partido Justicialista de Santa Cruz ha dejado de ser un espacio de debate para transformarse en el búnker personal de Pablo Grasso.
El reciente congreso provincial realizado en Caleta Olivia no fue una instancia de construcción colectiva, sino un calculado ejercicio de poder donde el intendente de Río Gallegos, secundario por una disciplinada María Ester Labado, terminó de blindar su estructura interna. Ante la mirada pasiva de una militancia que parece haber perdido su capacidad de reacción, Grasso impuso una “purga” institucional bajo el rótulo de depuración, con un objetivo inequívoco: quedarse con la conducción total del partido en las internas del 16 de agosto y cimentar, sin obstáculos, su candidatura a gobernador.
Labado: El brazo ejecutor de un plan de “limpieza”
En este esquema de poder monocolor, María Ester Labado ha asumido el rol de garante y ejecutora de las órdenes de Grasso. Fue ella quien legitimó administrativamente la expulsión del diputado nacional José Luis Garrido y de la senadora Natalia Gadano, bajo el argumento de que sus acciones en el Congreso Nacional traicionaban el “credo partidario”. Sin embargo, detrás de la retórica de la “identidad”, lo que se respira es una maniobra de blindaje preventivo. El kirchnerismo santacruceño ha decidido cerrar filas antes de que figuras como Cristina o Máximo Kirchner “bajen línea”, permitiendo que Grasso y Labado manejen la lapicera de las sanciones y las admisiones en un PJ que hoy parece más un tribunal de disciplina que una fuerza política viva.
La inacción de los “compañeros” frente al absolutismo
Lo más alarmante del escenario actual es la intrascendencia y el silencio de gran parte del peronismo tradicional. Figuras históricas han quedado al margen, como el caso de Juan Carlos Batarev, quien recordó con nostalgia los congresos de los años 80 donde el debate era “bravo” pero inclusivo, señalando que ni siquiera Néstor Kirchner recurrió jamás a la expulsión de adversarios internos. Hoy, la realidad es otra: la herida de la derrota de 2023 no generó una autocrítica, sino un plan de revancha que bloquea cualquier renovación generacional. Mientras voces como la de Pablo Gordillo denuncian una “autoproclamación” de Grasso, la base peronista observa con una docilidad inédita cómo su partido se convierte en un espacio exclusivo para aquellos que orbitan bajo la voluntad del intendente de la capital, dejando a Santa Cruz sin una oposición diversa y con un PJ reducido a una liturgia de exclusión.
